ASOCIATIVIDAD Un grupo de jóvenes desarrolladores de software trabaja y se siente una comunidad. Comparte gastos y proyectos y busca convertirse en fuerte conglomerado de profesionales en la región.
por Albertina Navas
Imaginar un Silicon Valley en Quito fue creativo. Pero proponerlo resultó temerario. Esa fue la idea de Hernando López, irreverente como él mismo.
Inspirado en el parque tecnológico de Cali, pensó en un espacio que concentre a las industrias de alta tecnología, a las orillas del río Machángara. Y recreó ese escenario con detalle en un artículo fechado a septiembre 6 del 2008. El caso es que se publicó en el 2004.
Para ese entonces, el proyecto de este matemático, economista y filósofo también, era un verdadero ejercicio de futurología: un conglomerado de empresas, llenas de emprendedores de todas las disciplinas, menores de 30 años, trabajando con entusiasmo hasta 14 horas diarias y desarrollando software de los más diversos tipos.
Pero López no es hombre de tragarse sueños, así que ante el desafío de "¿por qué no hacerlo?", se unió a unos cuantos visionarios más.
Así, en julio del 2005, nació una corporación con 12 personas naturales y 14 jurídicas, con el fin de materializar a pequeña escala aquel ‘loco’ concepto del ‘cluster’ de desarrolladores. Y se hizo MachángaraSoft.
Lo más complejo fue encontrar un espacio para que entraran cuatro de las empresas fundadoras: Santa Fe, nDeveloper, Refundation y Soporte Libre(ver cuadro).
La solución, como el espíritu de sus miembros, fue pragmática: ocupar las instalaciones de Santa Fe –dirigida por López-, comprar muebles en remate, poner conexión aInternet y ¡a trabajar!
No sólo empezaba un emprendimiento sino también una comunidad basada en principios de interacción y cooperación.
Se comparten desde los gastos por servicios básicos y conectividad hasta las líneas de programación, los algoritmos y los códigos fuente.
Estos últimos, bajo el esquema de subcontratación. “Es un modelo de inteligencia colectiva”, puntualiza López. “¿Para qué uno solo contra el mundo si, como una red, nos puede ir bien a todos?”, pregunta.
Esto tiene aplicaciones concretas. Por ejemplo, Paulina Arcos (29), gerente de nDeveloper, explica que cuando su empresa desarrolla aplicaciones web y requiere apoyo en bases de datos Oracle, cuenta con MagmaSoft (nueva integrante). “De esta manea, podemos ofrecer soluciones integrales, a precios razonables, y todos somos un canal de ventas para los demás”.

MachángaraSoft ahora son nueve empresas y unos 30 jóvenes. Pero por este crecimiento empiezan a sentirse juntos y un poco revueltos, en la oficina de 110 m2.
Pero no hay mal que por bien no venga. Por eso “son los clientes privilegiados de la zona franca del nuevo aeropuerto”, según comenta Marcelo Jaramillo, director del Parque Tecnológico de Quito.
Mientras tanto, el ejecutivo asegura que tendrán un espacio en el Polo Tecnológico de la ciudad, en Chimbacalle, en unos seis meses.
Los vientos favorables siguen soplando. El Comité Ejecutivo que maneja Fondos Cereps (ingresos de la cuenta especial de reactivación productiva), con el soporte técnico de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología (Fundacyt) aprobó la asignación de 122000 dólares para mejoramiento de infraestructura. La calificación, a decir de José Caiza, director de Innovación de Fundacyt, se fundamentó en dos aspectos: “Es un proyecto emprendedor y existe mercado”.
De ahí que la Asociación Ecuatoriana de Software también tiene fe en que la iiciativa es valiosa en tanto en cuando ayuda a insertar a jóvenes emprendedores del sector en la actividad empresarial.
Las expectativas del presidente del gremio, Xavier Torres, son positivas si se enfrentas dos retos: “Mantener una visión empresarial y optimizar la capacidad de getión”. Ante cualquier pronóstico, MachángaraSoft sigue adelante. Inventándose y reinventándose cada día, bajo su principio máximo: “Aquí todos somos iguales”.
Sin embargo, en este punto surge una pregunta lógica: ante tanta tecnología, ¿por qué no optar por el teletrabajo? Leslie Jarrín, presidenta del Directorio, lo tiene claro. “Estar juntos físicamente desarrolla la confianza. Hay que ver la cara del otro para poderlo ayudar”. Así funciona esta organización “caórdica”, como la llama López, moviéndose entre lo caótico y lo ordenado.