DE MACHANGARASOFT PARA EL MUNDO
Quito y su fiebre de Silicon Valley
11-10-2004

SOFTWARE Como si de un movimiento underground se tratara, varias personas se juntan para procrear una zona libre para sus ideas. Hasta la bautizaron como Machangara Soft.

Los rebeldes del sistema, los contestarios y los más jóvenes solo quieren empezar a trabajar. Punto. Luego, dicen, tendrán tiempo para preocuparse de leyes, normas, reglamentos, artículos, acápites, etc. Los más conocedores, los más experimentados, los apegados al curso legal que la sociedad impone, sugieren la formación de una organización regida por un orden lógico. Y luego, sin que haya problemas, dicen empezar a trabajar.

Quienes quieren tomar el toro por los cuernos proponen Machángara Soft como el paraíso de los creadores de software.  Un parque tecnológico donde las empresas, los jóvenes, los locos y los no tan locos trabajemos juntos creando un software de calidad para venderlo bajo una única marca, señala el colombiano Hernando López, director de SantaFe Associates, a quien se le ocurrió enviar un e-mail para discutir e impulsar la creación de una especie de Silicon Valley.

El Silicon Valley o Valle del Silicio es el nombre de la zona sur de área de la bahía de San Francisco, en California. El nombre hace referencia a la alta concentración de industrias relacionadas con los semiconductores y ordenadores; Valley se refiere al Santa Clara Valley, aunque hoy se puede también  aplicar a los alrededores, a ambos lados de la bahía, hacia los cuales se han expandido las industrias.

El e-mail parecía una locura, pero no para unas 20 personas que se congregaron el pasado miércoles en una oficina para discutir sobre el curioso proyecto. Y llegaron jóvenes estudiantes, filósofos, economistas, ingenieros y hasta el director de la Corporación Parque Tecnológico de Quito, impulsado por el Municipio, Luis Adriano Calero. Por media hora, se escuchó el boceto del sueño que se pretende plasmar: un lugar con gestión autónoma y descentralizada, donde no hay jerarquías y los dueños son los propios emprendedores y empresas. Incluso, López aseguró que Kurt Freund, de Wesco, también ávido con la idea, cedería 3000m2 de las instalaciones de la fábrica.

Por un momento la mayor parte del auditorio se contagió de su emoción, pero Calero se encargó de aterrizarlos. Hemos trabajado durante un año en el marco legal y en formar un paraguas jurídico para poner en marcha el parque tecnológico –que ocupará parte del aeropuerto Mariscal Sucre cuando sea desalojado-. No se puede empezar sin un ordenamiento. Y la discusión se acaloró… Rafael Romero, un joven filósofo, miembro de la Fundación Diagonal, sentenció: Debemos hacer todo a la inversa y operar antes que reglamentar; las leyes son el óbice para la innovación. Enfrentemos los problemas una vez que estemos trabajando. Haciéndolo nos podemos dar cuenta de lo que falta.

Se escuchó apoyo de varios puntos del salón. Pero Pedro Sánchez Saa, director de Proyectos Especiales de la incubadora de empresas Emprender, se atrevió a recomendar un trabajo conjunto. Con el marco legal del Municipio y las ganas de los emprendedores podríamos crear un parque ideal. Tras dos horas de intenso debate, la idea se lanzó y quedaron en el aire dos alertas para ambas posturas: primero, si los soñadores no tienen un orden mínimo pueden sucumbir y, segundo, el Municipio debe tener en cuenta a jóvenes impetuosos. Ignorar su importancia en detrimento de las grandes compañías puede ser un bumerán.

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